Las elecciones presidenciales de este domingo en Portugal, donde el socialista António José Seguro obtuvo una victoria arrolladora frente al ultra André Ventura, no eran ordinarias. Además de sobreponerse al rastro destructor de varias borrascas, el país afrontaba un dilema nuevo en su medio siglo de democracia: la elección entre un político convencional y un candidato extremista que prometía cambiar el sistema con un “puñetazo”. Nunca André Ventura, líder de Chega, se explayó mucho sobre qué cambiaría exactamente el puñetazo, pero sus reiterados ataques al “régimen de abril”, como denomina a la democracia surgida de la revolución del 25 de abril de 1974, y sus alusiones a la dictadura para arreglar los problemas (“hacían falta tres salazares”) han bastado para movilizar a la mayoría de la población para frenarle. “Aunque ha ganado votos, Ventura quedó por debajo de sus objetivos. En estas elecciones, los portugueses han creado un cordón sanitario que lo alejó mucho del Palacio de Belém”, señala Felisbela Lopes, catedrática del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad do Minho. A pesar de que numerosas localidades tuvieron que desplazar sus colegios electorales por los daños de las borrascas, hubo una movilización casi similar a la primera vuelta. La imagen más simbólica de esa voluntad de ir a las urnas pese a todo fueron las zodiac donde se trasladaron a electores aislados por las inundaciones. A Seguro le preocupaba que el temporal, que había dejado un escenario apocalíptico en el centro del país, disparase la abstención y beneficiase a Ventura, que aprovechó la calamidad para arremeter contra un sistema fallido después de medio siglo. No ocurrió. El socialista se impuso en todos los distritos del país, incluidos los más devastados por la meteorología, aunque es revelador que los mejores resultados del líder populista se produjeron en las zonas más olvidadas por las administraciones. Con casi 3,5 millones de votos, Seguro, apartado de la política desde 2014, ha batido el récord histórico de unas presidenciales y ha superado lo conquistado por Mário Soares en 1991. Pero Soares, que había sido un luchador contra la dictadura y fundador del Partido Socialista en el exilio, era un político con magnetismo, mientras que a Seguro le han reprochado falta de carisma. En su partido solo unos pocos, como Álvaro Beleza, le querían en la carrera presidencial. “Ha habido una gran movilización a pesar de vientos y tempestades para apoyar a un político moderado y decente que siempre separó negocios y política y que rechaza la división y el odio”, contestaba este lunes a este diario. António José Seguro, mientras aguardaba a conocer los resultados de las presidenciales en Portugal, junto a familiares y colaboradores.Associated Press/LaPresse (APN)El crecimiento de Seguro, que duplicó los votos que había recibido en la primera ronda (de 1,7 a 3,4 millones), procedió sobre todo de votantes de la derecha democrática, ya que el efecto del traspaso desde otros candidatos de la izquierda era reducido (cuatro aspirantes sumaron alrededor de 250.000). A la derecha, no hubo dudas. Según un sondeo realizado a pie de urna, publicado por Expresso, entre el 69% y el 85% de antiguos votantes de candidatos de la derecha respaldaron el domingo al socialdemócrata. La mayor transferencia de votos hacia Ventura, que ganó más de 400.000 respecto al 18 de enero, se dio entre quienes apoyaron al liberal João Cotrim de Figueiredo, pero aún así quedó lejos de lo cosechado por Seguro. “Si ha ganado de forma tan arrolladora es porque concentró los votos de todos los electores que se oponen a una ruptura con la Constitución de 1976, incluidas aquellas personas que consideran que Ventura puede poner en cuestión la democracia”, expone en un mensaje el director del histórico Diário de Notícias, Filipe Alves. Después de la primera vuelta, destacados referentes de la derecha anunciaron públicamente que votarían a Seguro. Lo hizo un conservador como el expresidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, y también el democratacristiano Paulo Portas, antiguo viceprimer ministro. Todos los candidatos que habían competido en la primera ronda, a derecha e izquierda, anunciaron asimismo que apoyarían al socialista, que a mitad de campaña fue recibido por António Ramalho Eanes, a día de hoy el político más respetado de Portugal. André Ventura, tras su derrota en las presidenciales de Portugal, este domingo en Lisboa.TIAGO PETINGA (EFE)Ventura usó toda esta corriente a favor de su adversario para quejarse de que había luchado contra todo el sistema. Perdió la carrera, pero su figura sale reforzada con nuevos apoyos y, con 1,7 millones de votos, rompe de nuevo su techo electoral. “Con estos votos, Ventura intentará capitalizar lo conquistado el domingo en la oposición. Con un país político fragmentado, Ventura no ha perdido aquí su impulso, aunque falta por saber si el presidente de la República y el Gobierno tendrán fuerzas para estirar el cordón sanitario para las legislativas, que es lo que Ventura desea ganar más”, apunta Florisbela Lopes. El triunfo de Seguro es un quebradero de cabeza menos en el tablero europeo, donde los líderes populistas y autocráticos avanzan. Aunque el presidente de la República de Portugal no tiene poderes ejecutivos, puede ser un factor de inestabilidad institucional gracias a sus prerrogativas como convocar elecciones o vetar leyes. El temor a que Ventura pudiese promover una reforma de la Constitución si ganaba para reforzar sus poderes también planeaba sobre esta campaña. El resultado de Portugal es también una alegría para la raquítica socialdemocracia europea, que solo gobierna cuatro de los 27 países de la UE. La toma de posesión del nuevo presidente está prevista para el domingo 9 de marzo. Su primer acto tras la victoria ha sido un encuentro este lunes con Marcelo Rebelo de Sousa, a quien sustituirá en la Jefatura del Estado.

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