En un deporte que arrastra tanta pasión como mercantilismo, que exige resultados e inmediatez, el Espanyol y el Girona han llevado la contraria a la lógica impuesta para explicar que la paciencia puede ser la mejor de las recetas. En su momento puesto en tela de juicio y casi despedido, el Espanyol —entonces con Chen en la presidencia— decidió confiar en Manolo González, que salvó el pasado curso y ahora flirtea con Europa. Tampoco dio señales de duda el Girona con Míchel cuando al inicio de este ejercicio se hundió en el fango, ahora liberado de la condena. Y los dos, consecuentes con su ideario, plantearon en Cornellà el fútbol que les ha definido hasta el momento. Aunque anoche, por más que se repartieran la gloria por partes, la victoria se la llevó el Girona de penaltis.

0

Marko Dmitrovic, Omar El Hilali (Rubén Sánchez, min. 55), Fernando Calero, Carlos Romero, Leandro Cabrera, Pol Lozano (Antoniu Roca, min. 80), Edu Expósito (Ramon Terrats, min. 55), Tyrhys Dolan (Jofre Carreras, min. 45), Urko González de Zárate, Pere Milla (Kike García, min. 69) y Roberto Fernández

2

Paulo Gazzaniga, Hugo Rincón, Álex Moreno, Daley Blind, Vitor Reis, Arnau Martínez, Viktor Tsygankov (Joel Roca, min. 81), Thomas Lemar (Yáser Asprilla, min. 72), Iván Martín, Bryan Gil (Alejandro Francés, min. 72) y Vladyslav Vanat

Goles
0-1 min. 47: Vladyslav Vanat. 0-2 min. 92: Vladyslav Vanat

Arbitro Iosu Galech Apezteguía

Tarjetas amarillas
Arnau Martinez (min. 30), Omar (min. 44), Joel Roca (min. 68), Rubén Sánchez (min. 75), Gazzaniga (min. 75), Jofre (min. 80), Antoniu Roca (min. 81), Álex Moreno (min. 86), Vladyslav Vanat (min. 88), Carlos Romero (min. 88)

Antes de eso, se evidenció la rivalidad enconada de nuevo cuño entre las aficiones por eso de ser el segundo mejor equipo de Cataluña —no por historia, donde el Espanyol no tiene rival—, ya que se las tuvieron antes de empezar, acordándose unos de otros de las madres rivales, separados por una frontera de policías que evitaron el desastre. Ya dentro en el estadio, no mermó la tensión, al punto que desde la megafonía advirtieron a los visitantes que, de seguir lanzando objetos, serían desterrados. Incidentes que tampoco pasaron a mayores, focalizados en el rodar del balón, quizá adormilados por la nana triunfal que cantó de inicio el Girona con la pelota.Porque Míchel entiende el fútbol con el esférico entre los pies, salida limpia desde atrás, circulación hasta encontrar la ranura, fútbol protagonista hasta en campo ajeno a ser posible. Y con Bryan Gil sobre el césped todo se inclina hacia la izquierda, recortes y carreras, juego con diamantes. Eso y Lemar, que estaba en todas partes, capataz con balón. Entre los dos descascarillaron al Espanyol, primero con un centro de Gil que Tsygankov no alcanzó a completar; después con otra asistencia que Lemar atacó para toparse con las manoplas de Dmitrovic. Pero no palidecía el Espanyol, equipo al que no se le caen los anillos por defender con bloque bajo, generoso en el esfuerzo, que tanto le da correr tras la pelota si al final se exhibe a la contra. Cosa que en el primer acto no se dio y que acabó de la peor de las maneras para sus intereses porque el colegiado señaló un penalti que no pareció de Omar sobre Rincón; y después el VAR obligó a repetirlo —tras una doble parada del meta al disparo de Vanat y al rechazo de Rincón— porque Dmitrovic se adelantó. A la segunda entró como premio al equipo que quiso la pelota, que puso el fútbol. No ocurrió lo mismo en la reanudación.Pretendió el Espanyol adelantar las líneas y atosigar al Girona desde el origen, poner electricidad en un choque que ganó decibelios con los bramidos de la afición sobre el colegiado y sus decisiones que, claro, explicaban que eran de todo menos salomónicas. El picante lo puso Jofre con un zurdazo que Gazzaniga pudo detener, quizá una de las últimas acciones bajo el larguero del argentino ahora que tiene encima la sombra de Ter Stegen, que apunta a sellar la cesión desde el Barcelona durante la próxima semana.El acoso, que no derribo, del Espanyol se tradujo en la apuesta por una defensa de cinco del Girona y dos disparos torcidos, uno de Jofre desde la frontal y otro de Cabrera en el área chica, remate mordido sobre el travesaño. Pero el empuje no dio para más y el Espanyol se quedó a medias y frustrado como su afición, que lanzó botellines a Gazzaniga —que previamente festejó de cara a los hinchas rivales— tras el segundo tanto de penalti de un Girona que suma tres victorias seguidas a domicilio. Premio a la paciencia.

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