El papel de la enfermería ha evolucionado mucho en poco más de medio siglo. De los practicantes y las antiguas ATS han pasado a una formación que puede llegar a los seis años en el caso de las especialistas. Sus responsabilidades también han crecido. Pero quizás no tanto como sería posible: una revisión de estudios publicada este jueves asegura que podrían sustituir a los médicos en muchas tareas sin que se resienta la salud de los pacientes. Los investigadores analizaron 82 estudios en 20 países con más de 28.000 personas atendidas en servicios en los que las enfermeras sustituían a los facultativos en consultas de cardiología, diabetes, cáncer, ginecología y reumatología, entre otras. Apenas encontraron diferencias entre la atención prestada por unos u otros en lo que respecta a desenlaces clave, incluidos la mortalidad, la calidad de vida, la autoeficacia y los eventos de seguridad.Para la mayoría de los desenlaces clínicos no hubo diferencias significativas, pero comprobaron que el personal de enfermería podría lograr mejores resultados en el control de la diabetes, el seguimiento del cáncer y en dermatología. Mientras, la atención médica funcionó ligeramente mejor en servicios de seguimiento de salud sexual y aborto médico.Se trata de una revisión sólida realizada por la fundación Cochrane, que somete a riguroso análisis la evidencia científica en el ámbito de la salud. Sin embargo, tanto los autores como otros especialistas consultados reconocen que tiene limitaciones: se basa en buena medida en trabajos del Reino Unido (39%) y se mezclan sistemas diversos en los que la autonomía de la enfermería y el número de profesionales disponibles varía.Aun así, la publicación viene a apoyar una evidencia que se venía repitiendo y que, en opinión de los propios autores, podría dar lugar a pensar en políticas de salud pública que pasaran por dar más protagonismo a las enfermeras como estrategia para rebajar las listas de espera en sistemas sanitarios colapsados y con escasez de algunas especialidades médicas, como es el caso de Atención Primaria en España.Timothy Schultz, autor principal e investigador del Flinders Health and Medical Research Institute, advierte de que la sustitución con personal de enfermería no es “un simple reemplazo de personas”. “Para funcionar bien, estos servicios necesitan formación, apoyo y modelos asistenciales adecuados, pero la evidencia muestra que el paciente no sale perjudicado y pueden ser beneficiosos de formas significativas”, subraya en una nota difundida por Cochrane.Situación en EspañaEn España, el papel de la enfermera ha avanzado en los últimos años, con guías de prescripciones de fármacos que amplían sus competencias: pueden, por ejemplo, indicar analgésicos y antipiréticos como el paracetamol o el ibuprofeno en procesos leves protocolizados; recomendar y autorizar determinados tratamientos tópicos dermatológicos; indicar descongestionantes o antitusivos en cuadros catarrales; o manejar, bajo guía, medicamentos vinculados a curas y heridas, como antisépticos y pomadas antibióticas tópicas.Una de las indicaciones aprobadas era la de antibióticos en infecciones del tracto urinario no complicadas, pero ha quedado paralizada tras ser recurrida por la Organización Médica Colegial.José Luis Cobos, vicepresidente del Consejo General de Enfermería y presidente del Consejo Internacional de Enfermeras, considera importante matizar que no existe en España un debate sobre si las enfermeras tienen que sustituir a los médicos, sino “cómo aprovechar el máximo potencial” de los profesionales.“Evaluación clínica, seguimiento sobre todo de la cronicidad, petición de algunas pruebas, el ajuste terapéutico de algunos medicamentos, con la prescripción. Estas competencias las pueden asumir perfectamente las enfermeras”, enumera Cobos, quien cree que un mensaje importante del análisis es que “no existe ninguna evidencia” que diga que se pone en riesgo la salud de las personas, que hayan aumentado eventos adversos o circunstancias por las cuales se desaconseje que asuman estas competencias.Para Cobos, el enfoque debe ser organizativo y no corporativo: “No es una guerra entre profesiones, sino una redistribución inteligente y coordinada de responsabilidades”. Aumento de la autonomíaPaloma Repila, portavoz del sindicato mayoritario de la enfermería (Satse), coincide en la necesidad de adaptar los modelos a las capacidades disponibles. En atención primaria, describe experiencias ya consolidadas: “Procesos no complicados en Primaria en los que la enfermera tría y, en función de si es un proceso que entra dentro de protocolos que ella puede manejar, tiene actitud finalista, no deriva al médico”. Pone ejemplos concretos: “En un proceso viral de un resfriado, la enfermera te tría y no tienes que acudir al médico, porque está dentro de sus procesos protocolizados y te puede dar la atención en ese momento e indicarte fármacos asociados. Otro sería el caso de los sangrados de nariz, que también puede finalizar una enfermera”.Repila también insiste en que no se trata de “sustituir” a los médicos, sino “tomar liderazgo” en procesos en los que las enfermeras se pueden hacer cargo. Y añade un matiz importante: “En Reino Unido [donde se han hecho buena parte de los estudios analizados] hay muchas más enfermeras por paciente que en España”. El Ministerio de Sanidad calcula que faltan 100.000 para llegar a los ratios europeos, aunque otros especialistas en economía de la salud creen que es una cifra algo exagerada, ya que no todos los países cuentan igual qué consideran enfermeras, y en España el peso del personal auxiliar (TCAE) es alto y, en parte, compensa funciones que en otros países recaen en categorías de enfermería intermedia que aquí no existen.

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