Un coche de policía recorre las calles de Troiéshchina repitiendo por un altavoz una lista de direcciones. Son las localizaciones donde los vecinos podrán encontrar las tiendas de socorro del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania. Este barrio de Kiev es la zona cero de la crisis energética que padece la capital de Ucrania. En este distrito llevan dos semanas sin ningún servicio básico para sobrevivir en un invierno gélido en el que las temperaturas bajan de los -20º: ni calefacción, ni agua caliente ni luz.Troiéshchina es un barrio de la periferia de la ciudad, formado sobre todo por personas que han ido llegando desde las provincias del este, desde la década de los ochenta, sea para trabajar en la industria o para huir de una guerra que comenzó en 2014 con el levantamiento armado de los separatistas prorrusos de Donbás, en el este del país. Es un barrio por el que, por su ubicación, cruzan buena parte de los drones bomba de largo alcance procedentes de Rusia. En Troiéshchina es más fácil que en el centro de Kiev ver edificios con cicatrices de explosiones tras cuatro años de invasión.Un empleado del Servicio de Emergencias de Ucrania sirve una taza de agua caliente a una mujer en el barrio de Troiéshchina, en Kiev.Cristian SeguraLos vecinos de Troiéshchina son personas acostumbradas a resistir, por eso se ayudan entre ellos de forma automática, sin dudarlo, explica Tamila Ivanenko. Ella y una amiga hacían turnos el martes en uno de los puntos de emergencias para cargar agua caliente en garrafas. La temperatura en la calle era de -6º. El termómetro marca 8º en el domicilio de Ivanenko: lleva dos semanas sin calefacción porque en dos ocasiones este enero, los misiles rusos han impactado en el centro que bombea el agua caliente de la calefacción del barrio.Ivanenko tiene 77 años y llegó a Kiev hace 40 procedente de la vecina provincia de Cherkasi, para trabajar en la fábrica de pasta soviética de la ciudad, la Kyiv Makaronna Fabrika. “Los rusos quieren que desaparezcamos, que dejemos de existir, pero seguiremos aquí, en Ucrania”, dice esta mujer. El lunes solo tuvo dos horas de luz en casa, en el resto de la ciudad, la media fue de cuatro horas de suministro eléctrico. Rusia ataca a diario la red eléctrica de las principales ciudades del país, pero la capital se está llevando la peor parte.El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, afirmó la semana pasada que 600.000 personas (un 20% de la población) habían abandonado la capital en enero por la crisis energética. Un ejemplo de ello se ve en la guardería de Sasha, el hijo de cinco años de Svitlana Titova. A este parvulario de Troiéshchina acudían 100 niños, pero ahora solo quedan 10. El resto ha salido de Kiev con sus padres.Svitlana Titova y su hijo Sasha en su apartmento de Kiev.Cristian SeguraTitova muestra vídeos de Sasha en clase, con niños abrigados como si estuvieran en el exterior. La norma indica que si la temperatura baja de los 13º en el aula, tienen que regresar a casa. En su apartamento no hay gas ni agua caliente. Luz, como mucho, cuatro horas al día. Cocinan con camping gas y han instalado, para iluminarse de noche, baterías conectadas a unas líneas de luz supletorias. Cuando vuelve la electricidad, aprovechan para calentar el hogar con dos radiadores.Titova y su marido son de Donetsk, ciudad ocupada por Rusia en el este. Saben lo que es vivir al límite. Admite ella que está pensando en irse de Ucrania con el niño, a Italia, donde tiene conocidos, pero no puede permitirse un alquiler allí.El Servicio de Emergencias ha instalado siete tiendas de campaña frente al domicilio de Titova. En una de ellas se cobijan Vera Ivanivna, de 77 años, también de Cherkasi, y Victoria Leshchenko, de 60 años. Las dos viven solas y las dos han enfermado por el frío. En sus apartamentos la temperatura también es de 8º. Leshchenko está acatarrada; recién salió del trabajo, es asistente de laboratorio en una universidad y estará en la tienda de campaña hasta que llegue la hora de ir a dormir. Bebe y come algo caliente y carga el teléfono móvil. Luego, en casa, se meterá en la cama con el abrigo y tres medias térmicas.Vera Ivanivna pasa el día en una tienda de campaña de emergencias de Kiev.Cristian SeguraIvanivna pasa el día entero en la tienda y también regresa a casa para dormir. Tiene bronquitis, pero no quiere ir al médico. Está jubilada, estuvo empleada durante 30 años como cocinera en una academia militar. Su pensión es de unos 90 euros al mes. Dice que no tiene dinero para comprar baterías de luz o ropa térmica. No le apetece hablar del presente, del frío y de los muertos en el frente. Sí quiere hablar de su ciudad natal, Kániv, célebre en Ucrania por ser el lugar donde está enterrado el poeta y símbolo nacional Tarás Shevchenko. “La situación para la gente mayor es de alto riesgo”, dice desde su caseta de conserje Alla Rudich. Tiene 66 años y en su edificio en Troiéshchina llevan dos semanas sin calefacción. Muestra una imagen de un termómetro digital que tiene dentro del piso: marca 6,5º. Cuando sale del trabajo se encierra en la cocina, que calienta con las llamas de los fogones: “Tengo suerte, tengo gas en casa”. Rudich admite que es peligroso, pero para ella es hoy más fácil morir por el frío.Tiendas de socorro energético en Troiéshchina, Kiev, el 27 de enero.Cristian Segura
En la zona cero de los bombardeos rusos contra Ucrania: dos semanas sin calefacción ni agua ni luz a -20º | Internacional
Shares:
