“Vete a casa, habla con tu marido”, “que tu padre no lo pase mal”, le dijo Ana Millán, vicesecretaria de Organización del PP y vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, a la edil de Móstoles que acudió a ella, a la estructura del partido, para denunciar de forma interna el acoso sexual y laboral, continuado al que la estaba sometiendo Manuel Bautista, el alcalde de esa ciudad madrileña. No son tres frases aleatorias. Reflejan parte de un patrón que se repite en este tipo de violencia machista y que tiene múltiples ejemplos; tal vez el más representativo sea el de Nevenka Fernández, la concejala de Hacienda de Ponferrada, también con el PP, que en 2001 denunció a Ismael Álvarez, el alcalde de ese municipio leonés, por lo mismo, por acoso. Fue la primera mujer que logró una condena por este delito contra un político en España.En aquella España, la de hace 25 años, la violencia de género aún se llamaba violencia doméstica: la que no se habla fuera y se soluciona en casa. Y a aquel juicio, el de Nevenka Fernández contra Ismael Álvarez, el entonces ministro de Administraciones Públicas, el popular Javier Arenas, lo definió como “de naturaleza privada”. Es el mismo “vete a casa” que Ana Millán pronunció en 2024. Dos formas de intentar despojar a la violencia machista de su condición pública y, por lo tanto, de reducirla a una cuestión individual, no sistémica ni estructural. Esa es una de las cuestiones que el relato de los hechos ―a través de la documentación a la que ha tenido acceso EL PAÍS― refleja sobre el patrón de un delito que en España han sufrido en algún momento de su vida el 36,2% de las mujeres, más de siete millones, según la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer. Pero no el único. Aquí, otras claves del caso:“La he fichado para que me haga un gran trabajo a mí”Sexualización y cosificaciónSegún los escritos de denuncia de la edil, Manuel Bautista hacía apreciaciones al resto de compañeros sobre ella como: “La he fichado para que me haga un gran trabajo a mí”; “esta mujer nos alegra el día y más me lo va a alegrar”; “está buenísima, esta es solo para mí”. Son ejemplos de la sexualización de las mujeres, habituales en todos los ámbitos, también en el laboral, donde esa cosificación implica además una anulación o rebaja a un segundo plano del valor y capacidad profesional. En Sexualización, la jurista estadounidense Catharine MacKinnon establecía una escalera de violencia donde la cosificación ocupaba “la punta menos explícita” de “un continuo de deshumanización” que iba después escalando; y explicaba que cuando alguien cosifica a otra persona, lo que está haciendo es imponerle un significado social que lo define para ser usado sexualmente. “Todas las mujeres viven en una cosificación sexual tal como los peces viven en el agua”, escribió. “Habla con tu marido”, “que tu padre no lo pase mal”El ámbito privado y la figura de poder tradicionalTal vez el “habla con tu marido” o el “que tu padre no lo pase mal” fueron frases pronunciadas casi de forma inconsciente por Ana Millán a la edil, pero simbolizan cómo, en ese intento de devolver la situación al espacio privado, donde ha permanecido históricamente hasta hace dos décadas, aparece también la figura de poder tradicional: el padre, y después, en la lógica patriarcal del ciclo vital de una mujer, el marido. Y en conjunto, la familia, porque Millán también hace referencia a los hijos, que piense en ellos, le dice. Este consejo aglutina varias ideas. Que la voluntad y la decisión de ella debe estar supeditada, o como mínimo condicionada, por la opinión y los sentimientos de su pareja, su padre o sus hijos; que por lo tanto cómo ella esté o lo que ella necesite como víctima de acoso no es tan importante como lo que puedan necesitar o querer quienes están a su alrededor; y descarga sobre ella la responsabilidad del daño que eso pueda causar en su familia, ya que no prima el acoso en sí mismo, sino el hecho de que ella lo cuente. “Ayuda no es hacerlo público”La perpetuación del silencio“La denuncia judicial, que luego sería pública, no te beneficiaría”, “ayuda no es hacerlo público, eso te va a hundir”. Todas esas frases pronunciadas por Millán a la edil hablan ya no solo de convertir una violencia estructural en un problema aislado diciéndole que se marchara a casa, sino de un intento de perpetuar el silencio.Si hay una cuestión clave en la última década, ha sido la ruptura de ese silencio, el de las mujeres sobre las múltiples violencias que sufren, pero sobre todo la sexual, porque si hay algo que ha permitido la perpetración sistémica y continuada de esa violencia, ha sido el silencio impuesto desde todas las estructuras de una forma más o menos directa: desde lo social a lo policial, lo jurídico o lo legislativo. “¿Tú crees que vas a poder seguir trabajando allí?, porque yo creo que no”La salida de los espacios“¿Tú crees que vas a poder seguir trabajando allí?, porque yo creo que no”, le dijo Ana Millán a la edil. Y eso fue exactamente lo que pasó por un conjunto de casuísticas. La decisión del PP de intentar taparlo, de que no denunciara, de minimizar e intentar convertir unos hechos que suponen violencia en una mera desavenencia ―“Manuel te ficha, hay una mezcla entre lo personal y lo profesional, te tira los tejos, tú le das calabazas y a partir de ahí todo cambia. ¿Estamos hablando de esto?“, le dijo Alfonso Serrano―, y después no investigar ni hacer nada, según el relato de los hechos, provocó que la concejala acabase dejando el partido y el trabajo en el Ayuntamiento mientras el alcalde siguió ahí. Sigue ahí. Hace dos décadas, Nevenka Fernández denunció, sí. Y ganó el juicio. Pero no fue a coste cero: también salió del Ayuntamiento, y ella además de su ciudad y de su país. Un autoexilio por la situación a la que se vio sometida por contar la violencia perpetrada por el alcalde. Eso, abandonar los espacios públicos, profesionales, por agotamiento o por necesidad, por salud mental y física, es una de las múltiples consecuencias que sufren las mujeres. “Protegerte es no hacer nada”La responsabilidad de los partidosHay varias frases en el relato de los hechos de la edil de Móstoles que reflejan bien la realidad de organizaciones como las políticas en contraposición a los discursos. Dos de ellas, pronunciadas por Ana Millán, son: “El PP está para ayudarte, ese amparo pasa por quitarte de la cabeza cualquier tipo de denuncia” y “vamos a parar esto. Esto es un acoso de manual. Tienes que protegerte a ti, y protegerte es no hacer nada”. Y Alfonso Serrano, secretario general del PP de Madrid, diputado de la Asamblea de Madrid y senador, le dijo: “No vale venir aquí a contar esta situación sin proponer solución”. Mientras los eslóganes y las proclamas hablan de partidos más o menos feministas ―exceptuando a la ultraderecha― o al menos comprometidos contra la violencia machista, la práctica diaria está encaminada a la ocultación de esa violencia y a la inacción; en este caso, además, a intentar hacer una exención de responsabilidades colocándole el peso a ella que, por otro lado, ya había actuado: había ido a pedir ayuda a la organización de su partido. Pero, según el relato de la edil, el mensaje que recibió fue de resignación, discreción y silencio por parte de un partido, el PP, que es el único con representación parlamentaria que no cuenta con un protocolo contra el acoso, obligatorio por ley. Y ahora, después de que se haya hecho público, después de que se conozca que le desaconsejaron repetidamente no denunciar, el PP de Móstoles, y el de Madrid, alegan sobre el relato y el escrito de la edil que “quizá debería llevarlo a un juzgado, mejor que intentar dañar la imagen de un alcalde”. Hay una última frase de Ana Millán a la edil que explica en parte todo lo anterior y que supone no solo una normalización de la violencia machista, sino su aceptación casi como si fuese inevitable: “Cuando te metes en política, tienes que estar preparada para aguantar muchas cosas”. El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.

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