La desclasificación de más de tres millones de documentos relacionados con Jeffrey Epstein el pasado viernes tiene una nueva e inesperada protagonista: la princesa Mette-Marit de Noruega y, por extensión, la familia real del país nórdico. Los archivos del empresario —que supuestamente se suicidó en la cárcel en agosto de 2019— dejan un reguero de folios con el nombre de la princesa, que está citada alrededor de mil veces en los mismos. Ambos se cruzan decenas de correos, en tono amistoso, muy cercano (ella le llama “encantador”) y que llega a rozar el coqueteo, durante años. Se ven en ocasiones, aunque, al parecer, ella no visitó la conocida isla donde se cometieron numerosos delitos sexuales. Ambos se cuentan intimidades: él se preocupa por su salud; ella, por buscarle pareja. En un correo, ella le llega a decir: “París es bueno para el adulterio”. En otro, él a ella, en referencia a las obras de Nabokov, autor de Lolita: “Ahora veo por qué te gustan estos libros”.Se sabía que la esposa de Haakon de Noruega, el heredero al trono, había mantenido una relación con Epstein; ella misma pidió disculpas por ello en 2019. Entonces habló de una relación entre 2011 y 2013 y de una reunión. Ahora, los papeles muestran que hubo varios encuentros (parece que en Nueva York, Miami y Oslo) y también que se extendió durante más tiempo; de hecho, justo el viernes —seis años después de aquel primer perdón— palacio afirmó que llegaba hasta 2014. El sábado, la princesa, de 52 años, pidió, de nuevo, disculpas públicas. Por el momento, no hay evidencias de que Haakon, también de 52, se viera o escribiera con el pedófilo. Más informaciónLos documentos desvelan que la relación entre Mette-Marit de Noruega y Jeffrey Epstein arrancó en enero de 2011; por entonces tenían 37 y 58 años, respectivamente. Entonces, un listado de asistentes al Foro de Davos deja ver que un hombre llamado Boris Nikolic, consultor científico de la fundación de Bill y Melinda Gates, coincidió con Mette-Marit en la reunión suiza (una lista filtrada entre los papeles así lo muestra). Mes y medio después, a finales de febrero, Nikolic le escribe al empresario para preguntarle si estaría en Nueva York en marzo. “Una amiga” iba a ir a visitarle. “No es la típica royal, es retorcida”, afirma, junto a una búsqueda de Google sobre ella. Es Mette-Marit.Debieron conocerse, por tanto, porque el cruce de mensajes filtrados arranca alrededor de otoño de 2011. No hay duda de que la princesa es ella misma: utiliza su correo oficial de la casa real noruega para el intercambio. “Te busqué en Google”, le dice la princesa al empresario en una de sus primeras comunicaciones. En diciembre de ese año, por ejemplo, él le felicita la Navidad. “¿[Desde la] isla de Jeff?“, responde ella, conociendo, por tanto, la existencia del lugar. ”Sí“, responde él.Como se puede ver en el intercambio, ambos controlaban bien sus mutuas agendas, sus eventos y sus planes. Tenían sus teléfonos. En septiembre de 2012, la princesa le manda un mail a su amigo. “Me muero de aburrimiento. Ven a salvarnos”, escribe, en plural. Tampoco duda en burlarse de lo “aburrida” que fue —en octubre de 2012— la boda de los entonces herederos, y ahora flamantes grandes duques, de Luxemburgo: “Era como una especie de película antigua”.Los príncipes herederos de Noruega, Haakon y Mette-Marit, en una visita a una biblioteca en Fredrikstad, Noruega, el 28 de enero de 2026.Rune Hellestad – Corbis (Corbis via Getty Images)En ocasiones, las conversaciones parecen rozar el flirteo. Ese mes, él le escribe: “¿Vienes?“. Ella responde: “Esta noche no hay excusas”. Un mes después, él le pregunta. “¿Qué tiempo hace? Estoy cazando esposas. París está interesante, pero prefiero a las escandinavas”, afirma. Ella responde ese mismo día: “Helado. Nevó ayer. París es bueno para el adulterio. Las esposas escandinavas son mejor material”. También le dice, en otro mail: “Todavía estoy intentando superar el shock de que estés buscando esposa”. Parece que ese mes él acudió a Oslo y estuvo con unas chicas de 24 y 25 años, y se lo escribió a la princesa, que le pide que al día siguiente le cuente más. Cuando un mes más tarde él le escribe otro correo, le manda una fotografía, que no aparece en los archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Ella responde: “Estoy muy impresionada con tus nuevas habilidades tecnológicas”. También ahí se da un intercambio de mensajes que tiene por protagonista a Marius Borg, el hijo de la princesa. La esposa del heredero le pregunta a Jeffrey Epstein: ¿Es inapropiado que una madre sugiera dos mujeres desnudas llevando una tabla de surf como fondo de pantalla para mi hijo de 15 años?“. Él contesta: ”Déjale decidir. Una madre debería quedarse fuera de eso”. Ahora, más de 13 años después, Borg enfrenta cuatro denuncias por violación y otra treintena de cargos, que le harán ir a juicio a partir de la próxima semana y que le pueden llevar a la cárcel.Marius Borg, hijo de la princesa Mette-Marit, en junio de 2022 en Oslo..HAKON MOSVOLD LARSEN (NTB/AFP via Getty Images)Mette-Marit y Jeffrey Epstein se vieron en la mansión de Palm Beach (Florida, EE UU) del magnate. En enero de 2013, un mail da los datos exactos del vuelo, la hora y la recogida de la princesa para “llevarla a la casa de PB”, en referencia a esa residencia. Ella también le cuenta, más tarde, cómo fue su regreso a casa, y pocas semanas después le dice: “De todas formas, ¿vienes a verme pronto? Echo de menos a mi amigo loco”. Epstein sabía de la princesa por ella y por los demás. Hay correos de Nikolic mandándole información al magnate sobre una operación de cuello a la que se sometió ella en 2013. “Te mantendré informado. Estoy hablando con Haakon sin parar y él estará con ella durante la operación”, le dice, en una de las pocas referencias al príncipe. Poco después, ella le escribe dándole las gracias “por las preciosas flores”, y mandándole “amor”.Si las disculpas de diciembre de 2019 por parte de la princesa no fueron del todo claras, las de ahora, seis años después, tampoco han resultado convincentes para el pueblo noruego. La casa real ha enviado un comunicado a los medios en el que ella afirma: “Jeffrey Epstein es responsable de sus actos. Debo asumir la responsabilidad por no haber investigado mejor sus antecedentes y por no haber comprendido con la suficiente rapidez qué clase de persona era. Lo lamento profundamente y es una responsabilidad que debo asumir. Demostré falta de criterio y lamento haber tenido contacto con Epstein. Es simplemente vergonzoso”. Sin embargo, la propia princesa le dijo a Epstein en un correo que sabía quién era y le había buscado en Google. Pero parece que ni ella ni sus asistentes fueron capaces de saber que en 2008 había sido condenado por solicitar servicios de prostitución a una menor y por trasladar a personas entre Estados con el objetivo de prostituirlas (delito en Estados Unidos). Entonces, pasó 13 meses en la cárcel, aunque finalmente llegó a un acuerdo con la Fiscalía.No es precisamente el mejor momento para la casa real noruega. La monarquía del pequeño país, de menos de seis millones de habitantes, vive cercada por los escándalos: el rey Harald, a punto de cumplir 89 años y con un largo historial de enfermedades, se niega a abdicar. Su primogénita, Marta Luisa de Noruega, casada con un chamán, denunciaba racismo e incomprensión familiar en un reciente documental. Pero la peor parte se la llevan los herederos, Haakon y su esposa, Mette-Marit. Ella está enferma, sufre desde 2018 una fibrosis pulmonar que, probablemente, la obligue a pasar por un trasplante de pulmón. Y sobre todo está Marius: el hijo mayor de la princesa, de 29 años y nacido de una anterior relación, está acusado de cuatro delitos de violación y de 38 cargos más (entre ellos violencia machista y tráfico de drogas) en un juicio que arrancará este martes, y ante el que la familia real parece hacer la vista gorda. Además de a la monarquía noruega y a la británica, con el inmenso escándalo rematado en la salida del ya expríncipe Andrés, hay otras a las que les salpica el barro de Jeffrey Epstein. El pasado diciembre, la princesa Sofía de Suecia, esposa de Carlos Felipe (hijo menor de los reyes Carlos Gustavo y Silvia), decidió no acudir a la ceremonia de entrega de los premios Nobel porque, apenas un día antes, se supo que había cruzado su camino con el millonario. Ocurrió en 2005, cuando no conocía al príncipe (se casaron en 2015; ahora tienen cuatro hijos) y era aspirante a actriz. La casa real confirmó que habían sido presentados, sin más, y que no habían tenido contacto en 20 años. Salto a diciembre de 2019. Una serie de correos del FBI se intercambian preguntas acerca de una información de Epstein publicada en la prensa noruega, acerca de que alguien (el nombre aparece tachado) viajó en el jet privado de Epstein “en numerosas ocasiones”. Ahí se lee: “¿Ha habido contacto entre el FBI y el gobierno de Noruega […] sobre Jeffrey Epstein o la princesa Mette-Marit?“. La respuesta no está clara. Con un millar de documentos, aún quedan cuestiones por resolver.

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