
Agustín Díaz Yanes y Alejandro Amenábar nacieron con más de 20 años de diferencia, pero empezaron a dirigir cine al mismo tiempo. El primero con Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, en 1995, y el otro con Tesis, apenas un año después. Dos de las óperas primas más destacadas de la cinematografía española de los últimos tiempos, reconocidas con ocho y siete premios Goya respectivamente. Entonces el cine bullía y se veía solo en las salas. Tres décadas después de aquello, con los dos consolidados como grandes nombres de nuestro cine y con una industria completamente distinta a la que los vio nacer, ambos regresan a las pantallas tras más de un lustro de ausencia. Este martes se han reunido con los alumnos de la promoción 40 del Máster de Periodismo de la Escuela UAM-EL PAÍS para hablar de esos modelos de producción transformados por las plataformas digitales y de sus nuevos trabajos: Un fantasma en la batalla y El cautivo.Más informaciónHay pocas similitudes, a priori, entre la mirada artística de ambos directores, pero comparten una prolongada carrera y vigencia que permiten entender mejor el nuevo funcionamiento del cine en el siglo XXI, cada vez más engullido por las plataformas digitales. Hoy sus largometrajes se abren a los nuevos formatos y llegan bajo el paraguas de Netflix, que financia parte de El cautivo a cambio de su exclusividad en la plataforma y produce por completo Un fantasma en la batalla —lo que llaman Netflix original—. Modelos que han dejado de ser simples alternativas para convertirse en habituales de las grandes producciones. “Hoy las películas se consumen por la pantalla y mucho. Algunas de mis películas favoritas nunca las he visto en un cine. Me gusta hacer cine con todo lo que se necesite de presupuesto y ya. Me da igual si va directo a la plataforma sin ir a los cines. Quiero libertad y presupuesto”, ha dicho nada más empezar Amenábar.Desde la izquierda, Javier Moreno, Alejandro Amenábar y Agustín Díaz Yanes, durante la charla en la Escuela de Periodismo de EL PAÍS.Jaime VillanuevaLa experiencia es particularmente novedosa para Díaz Yanes —Amenábar ya había estrenado Mientras dure la guerra y La Fortuna, una miniserie producida por y para Movistar Plus+—, que regresa a la dirección después de Oro, estrenada en 2017. El primer proyecto de un veterano cineasta de 75 años, que se abre a un modelo como este, lo alejó de lo tradicional y obligó a su película a proyectarse solo tres semanas en las salas. “Al principio entré con cierto reparo, pensando que Netflix me podría torturar, pero fueron los únicos interesados en la película y yo llevaba muchos años sin dirigir y no podía decir que no. Luego he tenido completa libertad creativa y, por primera vez, no sé si sea bueno o no, ningún problema con el presupuesto”, ha contado. El resultado fue una película con “mucho más dinero del previsto” y las vistas de muchos millones de personas, seguramente más, ha dicho el cineasta, que cualquier otro de sus filmes. “Es muy difícil hacer películas hoy que lleguen a los 10 millones de euros de presupuesto. El que nosotros teníamos previsto, por ejemplo, era mucho menor. Hubiera perdido locaciones, las canciones italianas, que son muy caras, y mi sueldo”, ha seguido. Lo mismo ha atraído a Amenábar a la multinacional plataforma. El cautivo, que recibe a Netflix con un modelo de financiación distinto —solo una parte del presupuesto a cambio de la exclusividad en el streaming— tuvo, a diferencia de Un fantasma en la batalla, una presencia más prolongada en las salas, aunque, ha explicado el director, sin la financiación de la plataforma, se hubiera quedado estancada: “La mía es una película pensada para explotarse en el cine, pero Netflix ha permitido armar el castillo de naipes y probablemente con la realidad del cine actual no habríamos podido hacerla”. Un momento de la charla en la Escuela de Periodismo de EL PAÍS.
Jaime VillanuevaEs verdad que ambos siguen sintiendo una atracción por las salas y, más allá de puritanismos, encuentran en ellas beneficios palpables. “Las salas al menos permiten que a lo que le has dedicado dos o tres años de tu vida tenga bastante más peso”, ha dicho Amenábar. Y es que llegar a plataformas que albergan cientos de miles de productos audiovisuales conlleva el enorme riesgo de perderse en un catálogo inmenso. “Puede ser que vas a una plataforma, te dan el dinero, y no ve nadie la película”, ha expuesto Díaz Yanes. Y Amenábar ha complementado: “Te puede pasar que tengas éxito o que tu película pase desapercibida”.Tampoco ha pasado de largo una de las polémicas que más arrastra el tema en la industria: la relación de las academias de cine con estos modelos. Una relación que para Díaz Yanes “va mal”. “Ya he dicho que hacer una película en Netflix tiene muchos beneficios, pero esto pesa”, ha sentenciado el director. Su colega difiere: “Yo creo que el debate más bien está en qué consideramos una película apta para los Goya. Y es un debate que tienen ahora mismo los Oscar o los Globos de Oro. Es un debate en el que no entran nuestras películas porque han pasado por salas de cine, pero la Academia protege, como la Academia de la Lengua, las esencias”. Las suyas, aunque nominadas para los premios del cine español que se entregarán el próximo mes, no aparecen en las categorías más importantes de una noche que prometen protagonizar Sirât, de Oliver Laxe y Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa. “Para mí lo interesante este año es ver cómo la Academia va a elegir a la película ganadora. Creo que va a tener el corazón dividido. No digo más”, ha dicho Amenábar. Debate al que Díaz Yanes no ha querido entrar por no haber visto el filme de Laxe: “No veo nunca películas en las que muere un niño”. Sea cual sea la ganadora, Netflix tendrá que esperar al menos otro año para ser protagonista en la plana mayor de los reconocimientos.
Amenábar y Díaz Yanes alían su cine a la nueva industria digital y sus modelos de financiación | Cine: estrenos y críticas
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