El Consejo de Ministros ha aprobado este martes la Ley de Gestión Pública e Integridad del Sistema Nacional de Salud, que pretende frenar la privatización en la sanidad pública y vetar en el futuro modelos como el del Hospital de Torrejón del Grupo Ribera o como los que tiene Quirón en Madrid, que forman parte de la red pública, pero están gestionados por empresas. Esta norma, cuyo contenido adelantó anoche la Cadena SER, se aceleró a partir del escándalo que generaron las revelaciones de EL PAÍS sobre los planes del consejero delegado del Grupo Ribera, que gestiona el Hospital de Torrejón, de mejorar sus beneficios aumentando las listas de espera, entre otras medidas.El anteproyecto, sin embargo, tiene un largo y difícil camino por delante. Tras el Consejo de Ministros, ha de superar toda una tramitación parlamentaria en la que tiene muy complicado salir adelante tal y como está redactado, tanto por falta de apoyos del Gobierno como por plazos.La ministra de Sanidad, Mónica García, ya adelantó en diciembre a este periódico algunas de las líneas maestras de este texto: derogará la ley de 1997 del Gobierno de Aznar, que abrió la puerta a que empresas privadas gestionaran hospitales públicos con concesiones. El anteproyecto veta la privatización, salvo excepciones que tienen que cumplir varias condiciones: que no sea posible la prestación pública, que se garantice la sostenibilidad financiera y la eficiencia y que se cumplan los requisitos de calidad, continuidad, accesibilidad y asequibilidad del servicio. Prohíbe, además, la fórmula por la que una empresa construye la infraestructura a cambio de prestar el servicio sanitario. Para que las autonomías puedan concertar con la privada, se establece un mecanismo de evaluación previo y obligatorio: deberán justificar en un informe la necesidad de esa colaboración público-privada, algo que luego analizará un comité de expertos y técnicos. Se priorizarán los conciertos con entidades no lucrativas frente a las empresas que solo busquen hacer negocio. El texto legal amplía los mecanismos de control público sobre la prestación del servicio, con especial énfasis en la transparencia y la rendición de cuentas. Para ello, obliga a las comunidades autónomas a hacer pública de manera periódica información exhaustiva sobre contratos y conciertos, así como sobre resultados en salud y calidad asistencial. No obstante, la ley establece un límite temporal a su aplicación y deja fuera de su ámbito los conciertos, concesiones, contratos y otras fórmulas formalizadas antes de su entrada en vigor, que continuarán regulándose por la normativa vigente en el momento en que fueron adjudicadas.Según ha explicado la ministra de Sanidad, Mónica García, el anteproyecto se fundamenta en estudios internacionales, incluyendo un análisis de 38 países de la OCDE que concluyó que no existe evidencia favorable hacia la privatización en términos de eficiencia, además de mostrar que los sistemas públicos hacen un mejor uso de los recursos. “En el contexto español, la evidencia analizada muestra que modelos de gestión indirecta, como el modelo Alzira, obtuvieron peores resultados en hospitalizaciones evitables y mortalidad por infarto o ictus en comparación con hospitales públicos similares. Además, la privatización se asocia con una reducción de plantillas que puede erosionar la calidad asistencial y la sostenibilidad del sistema”, ha dicho García. El ministerio ya constató en un informe publicado en diciembre el crecimiento de la gestión privada de la sanidad pública: un aumento de un 36,8% en la última década, de forma que casi un tercio (un 30,7%) de los 753 centros del Sistema Nacional de Salud tienen más de un 80% de la financiación o actividad en manos privadas.Ley del pacienteEl Consejo de Ministros ha aprobado también el Anteproyecto de Ley de las Organizaciones de Pacientes, que reconoce por primera vez a estas asociaciones como interlocutoras ante la Administración General del Estado, garantiza su participación en los órganos de gobernanza del Sistema Nacional de Salud y define sus derechos.El nuevo texto reconoce a estas entidades el derecho a acceder a información pública relevante, participar en la elaboración de políticas sanitarias, así como en las estrategias y planes del Sistema Nacional de Salud, acceder a financiación pública mediante criterios transparentes y recibir formación continua para su fortalecimiento institucional. Además, fija que las organizaciones de pacientes deberán guiarse por los principios de transparencia, prevención de conflictos de interés y rendición de cuentas.El texto prevé instrumentos específicos como la Mesa para la Participación de los Pacientes, como espacio estable de diálogo con el Gobierno, y un Censo Estatal. El ministerio señala que ambas herramientas serán clave para fortalecer la interlocución institucional con estas organizaciones.

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