Se preguntaba estos días el diario The Times cómo sería la celebración, el próximo 19 de febrero, del 66º cumpleaños del malogrado Andrés Mountbatten-Windsor, antes conocido como el príncipe Andrés, en comparación con su fiesta de los 50, cuando convocó a estrellas de la talla de la modelo Naomi Campbell en el palacio de St. James. La respuesta, una vez más, ha llegado con la nueva remesa de documentos del millonario y pedófilo estadounidense Jeffrey Epstein, hechos públicos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. La sombra perpetua de esta amistad ha condenado al antiguo duque de York a una jubilación de ostracismo. Una serie de fotos, desconocidas hasta la fecha, de quien fuera el hijo favorito de Isabel II revelan el grado de intimidad que tenían Andrés y su amigo Epstein. El expríncipe, con pantalones vaqueros y camiseta blanca, aparece a cuatro patas en el suelo sobre una mujer joven cuyo rostro se oculta. Ella está completamente vestida. Él toca su estómago, como si pretendiera masajearla. En una de las instantáneas, él mira a la cámara desde abajo, con una media sonrisa y los ojos enrojecidos por culpa del flash. No se precisa ni dónde ni cuando se tomaron esas fotografías, que por sí mismas no revelan acto delictivo alguno. Pero junto a ellas se ha publicado un nuevo intercambio de correos electrónicos entre el financiero y su amigo de la realeza británica. O, al menos, eso sugiere el nombre de la cuenta a la que Epstein dirige sus mensajes: The Duke (El Duque). En uno de ellos, fechado entre el 11 y el 12 de agosto de 2020 (cuando habían pasado ya dos años desde que el millonario había admitido ante un tribunal su intento de reclamar sexo a una menor), Epstein insiste en presentar a “A” (se entiende que es la inicial de Andrés) una joven rusa de 26 años con la que “seguro que le encantaría tener una cena”.El “duque” responde que va a permanecer en Ginebra hasta el 22 de agosto, pero que estará “encantado de conocerla”. Insiste en preguntar a Epstein si ella “traerá algún mensaje suyo”, y le pide que le dé “detalles para poder ponerse en contacto”.“¿Alguna información sobre ella que sea útil conocer?”, insiste. “Tiene 26 años, es rusa, inteligente, hermosa, de fiar, y ya tiene tu correo electrónico”, responde el financiero.No es el único intercambio. En otro correo, Epstein le comunica que está en Londres, y pregunta: “¿A qué hora me quieres [palabra editada]necesitaremos tiempo en privado?”.“Salgo ahora de Escocia. Debería aterrizar a las seis de la tarde [en Londres]. Te llamo cuando llegue si me das un número de teléfono. Como alternativa, podemos cenar en el palacio de Buckingham, donde hay mucha privacidad”, responde el “duque”.“BP, por favor”, responde Epstein con su preferencia por el palacio.Finalmente, entre los correos publicados aparecen también comunicaciones de las autoridades estadounidenses dirigidas al entonces príncipe Andrés, en las que solicitan que pueda ser interrogado como posible testigo de algunas de las actividades de Epstein que estaban siendo investigadas. Algunas pruebas documentales sugerían que “el príncipe Andrés tuvo conocimiento de que [Ghislaine] Maxwell reclutaba mujeres para que tuvieran relaciones sexuales con Epstein y otros hombres”, así como otras de que “el príncipe mantuvo relaciones sexuales con al menos una de las víctimas de Epstein”.La víctima Virginia Giuffre cerró un acuerdo multimillonario extrajudicial con el duque de York en febrero de 2022, para zanjar la demanda que había interpuesto por abuso sexual contra el hijo de Isabel II. Nunca se hizo pública la cifra entregada por el príncipe, que jamás admitió oficialmente su culpabilidad. La prensa británica habló de unos 14 millones de euros. Gran parte de ellos salieron del patrimonio personal de la entonces reina de Inglaterra. Tres años después, el 25 de abril de 2025, Giuffre se suicidó.En sus memorias póstumas, Nobody’s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice (La Chica de Nadie: Memorias de Supervivencia ante los Abusos y de Lucha por la Justicia), la mujer saldó finalmente cuentas con el expríncipe y relató con todo detalle sus encuentros, que él nunca ha dejado de negar. “Han pasado los años y he pensado mucho en cómo se comportó aquella noche. Fue lo suficientemente cordial, pero muy consciente de sus privilegios. Creía que tener sexo conmigo era su derecho de nacimiento”, recordaba Giuffre sobre uno de aquellos momentos. A la mañana siguiente, Epstein le dio 15.000 dólares de recompensa y la felicitó: “Lo has hecho muy bien. El príncipe se ha divertido”.Andrés Mountbatten-Windsor ya no vive días de rosas. Su hermano, el rey Carlos III, le echó finalmente de la mansión que habitaba en el complejo del castillo de Windsor y le envió a una residencia mucho más modesta. Su exmujer, Sarah Ferguson, cuyos manejos financieros con Epstein también han salido a la luz, ha decidido finalmente tomar distancia de Andrés, con quien seguía compartiendo casa a pesar del divorcio. Y sus dos hijas, Beatrice y Eugenia, que retienen sus títulos de princesas por concesión del rey, han comenzado a hacer luz de gas a su padre. El 66º cumpleaños del ciudadano Andrés Mountbatten-Windsor se limitará a un evento privado y reducido con aquellos que, de modo discreto, aún conservan amistad con un príncipe destronado.

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