El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aplica constantes duchas escocesas —calor y frío, zanahoria y palo— a su “amigo” y aliado Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido. Su último arrebato ha sido provocado por la visita esta semana del líder laborista a China, que ha sido presentada por Londres como un éxito económico y como el principio del deshielo en las relaciones con el gigante asiático. “Es algo muy peligroso”, dijo Trump el jueves cuando le preguntaron por ese viaje. El mandatario republicano, que habló con la prensa durante la gala de presentación del documental sobre su esposa, Melania Trump, no se explayó en esta ocasión. Pero el tono amenazante de esa frase fue suficiente para que Downing Street reaccionara de inmediato, subrayando la lealtad hacia su socio estadounidense.Washington había recibido información previa sobre los objetivos perseguidos en la visita de Starmer a Pekín, han explicado los portavoces del primer ministro. “Sería absurdo que el Reino Unido ignorara la presencia de China en el escenario mundial”, ha dicho el secretario de Estado para Negocios y Empresas, Chris Bryant. “Pero por supuesto que abordamos esta relación con los ojos bien abiertos”, ha matizado.Washington lleva años presionando a Londres (también durante la presidencia del demócrata Joe Biden) para que mantenga la distancia con el Gobierno de Xi Jinping y evite hacer negocios con la potencia asiática. Desde la rescisión del contrato con Huawei para su participación en la red 5G del Reino Unido al largo tiempo en que se aplazó la licencia para que Pekín construyera una superembajada en la capital británica, esa relación ha constituido una larga historia de tiras y aflojas.Starmer, como otros dirigentes internacionales, ha llegado ahora a la conclusión de que necesita una relación normalizada con China si quiere sacar adelante la economía de su propio país. La visita ha servido para resucitar el diálogo entre las dos capitales y para cerrar acuerdos en materia de visados, agricultura, servicios o proyectos de economía verde. La farmacéutica AstraZeneca, por ejemplo, se ha comprometido a invertir cerca de 15.000 millones de dólares en la potencia asiática durante los próximos cuatro años. “Hemos intensificado con calidez nuestra relación y hemos logrado avances reales, porque el Reino Unido tiene mucho que ofrecer”, afirmó Starmer durante un foro empresarial realizado en el Banco de China, como parte de su visita.Nuevo ataque a CanadáEn la misma respuesta de Trump donde mostraba su disgusto por la agenda de Starmer dirigió palabras todavía más duras al primer ministro canadiense, Mark Carney. “[Relacionarse con China] Es aún más peligroso para Canadá. A Canadá no le está yendo nada bien, [su economía] está yendo pésimamente y no pueden mirar hacia China en busca de respuestas”, opinó el estadounidense.A finales de la semana pasada, Trump ya amenazó una vez más a su vecino del norte con nuevos aranceles en el caso de que Carney siguiera adelante con los acuerdos que alcanzó con Pekín en otra visita reciente. “Si el gobernador Carney cree que va a convertir Canadá en un puerto de entrada para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado”, escribió el pasado sábado el republicano en un mensaje en su red social, Truth. “China se tragará a Canadá por completo, la devorará sin piedad, destruyendo sus negocios, su tejido social y su estilo de vida”, auguró. El estadounidense volvía a llamar “gobernador” a Carney con un malintencionado doble sentido: el primer ministro canadiense fue antes gobernador del Banco de Inglaterra y del de Canadá, pero Trump sugiere más bien con ese término una relación condescendiente con el país vecino, al que trataría como el Estado 51º de EE UU.

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