
A principios de enero, un enjambre de drones se adentró en los cielos de la ciudad de Merowe, en el Estado Norte de Sudán. El ejército regular informó unas horas después que habían sido lanzados por las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y derribados antes de golpear la mayor presa del país e instalaciones militares cercanas. Apenas unos días después, a cientos de kilómetros de distancia, fueron los rebeldes quienes presumieron de haber interceptado un dron del ejército mientras sobrevolaba Nyala, la capital de Darfur Sur y uno de sus bastiones.Aunque el intercambio de golpes no generó mayores contratiempos, refleja la transformación que ha experimentado la guerra en Sudán en el último año. En 2025, las RSF, que reciben un holgado apoyo de Emiratos Árabes Unidos, evolucionaron de una fuerza eminentemente terrestre a una con notable proyección aérea, lo que le está permitiendo disputar el tradicional dominio de los cielos por parte del ejército. Esta reconfiguración, además, ha conducido la contienda a una fase de mayor sofisticación, con graves consecuencias para la población civil.La principal clave de este cambio en la balanza de fuerzas han sido los aviones no tripulados. El ejército cuenta con los drones de producción turca Bayraktar TB2 y Akinci, ha empleado aparatos iraníes como los Mohajer, y recientemente ha desarrollado modelos propios como el Safaroog, con un alcance de 600 kilómetros. Las RSF, por su parte, han desplegado sobre todo drones versátiles de diseño chino como los FH-95 y CH-95, de los que al menos algunos han sido fabricados en Serbia y probablemente suministrados al grupo por Abu Dabi.En 2025, la organización de monitoreo de conflictos ACLED registró 472 ataques con dron de los dos principales bandos beligerantes en Sudán, un marcado aumento frente a los 277 del año anterior y los 152 de 2023, cuando estalló la guerra en abril. Prueba de la feroz disputa por el cielo del país, el ejército efectuó el 57% de ataques y las RSF el 42% restante (201), a pesar de que entre 2023 y 2024 apenas habían llevado a cabo 22 operaciones de este tipo.En el plano geográfico, el 88% de los ataques con dron se concentró el año pasado en Kordofán, Darfur y Jartum, los grandes escenarios de combate, según datos de ACLED, lo que constata su creciente uso en el campo de batalla. Sin embargo, los otros 57 alcanzaron estados alejados del frente, lo que sugiere un intento de extender la violencia y erosionar la confianza de la población en zonas controlados por el bando rival. En 2023 y 2024, estos ataques golpearon nueve Estados, mientras que en 2025 todos los 18 Estados de Sudán registraron al menos uno.Personas en el campo de refugiados sudanés de Al-Affad, el 13 de enero.Anadolu (Anadolu via Getty Images)El impacto sobre la población civil ha sido mayúsculo. Desde el inicio de la guerra los ataques con dron han dejado al menos unas 2.200 muertes, el 80% en 2025, según datos de ACLED, que indican que la mayoría fueron causadas por el ejército. Uno de los episodios más letales, atribuido a las RSF, ocurrió el 4 de diciembre en Kalogi, Kordofán Sur, cuando un dron atacó primero una guardería, después a quienes acudieron a auxiliar a los heridos y finalmente al hospital donde fueron trasladadas las víctimas. Murieron unas 79 personas, entre ellas más de 40 niños. El 25 de diciembre, otro ataque, esta vez atribuido al ejército, mató a 12 personas reunidas para celebrar la Navidad en el pueblo de Julud, en las montañas de Nuba, en el sur.Los bombardeos con dron se han dirigido también contra infraestructura civil como centrales eléctricas, refinerías y hospitales, lo que causa apagones, desabastecimiento e interrupciones de servicios básicos. La ONU advierte de que podrían constituir crímenes de guerra. Ni siquiera observadores extranjeros han estado a salvo. El 13 de diciembre, un ataque atribuido a las RSF en una base en Kordofán Sur de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU para Abyei, una zona en disputa entre Sudán y Sudán del Sur, mató a seis soldados de Bangladés.Sistemas de defensa e interferenciasMás allá de los drones, en el último año las RSF han desarrollado sus sofisticados sistemas integrados de defensa antiaérea, incluido con plataformas portátiles de misiles tierra-aire de corto y medio alcance. También están desplegando cada vez con más efectividad sistemas de interferencias para perturbar o inhabilitar dispositivos electrónicos del ejército. En su brutal toma de El Fasher, la capital de Darfur Norte, en octubre, las RSF hicieron un amplio uso de todas estas nuevas capacidades, a menudo con la asistencia de mercenarios extranjeros.Dado que las RSF no disponen de aviación convencional, el ejército todavía mantiene cierta ventaja con aeronaves tripuladas. Pero la creciente proyección aérea de los paramilitares está desafiando también esta superioridad. En 2024, las fuerzas regulares efectuaron 919 ataques aéreos con aviones tripulados, la vasta mayoría en los grandes frentes de batalla, según datos recopilados por ACLED. En 2025, en cambio, la cifra se redujo a menos de la mitad (446).Además, desde abril del año pasado, y con la única excepción de agosto, no ha habido ningún mes en el que el ejército haya realizado más de 50 ataques con aviones tripulados, algo que solo había ocurrido tres veces desde agosto de 2023, lo que sugiere una creciente cautela por parte de la cúpula castrense, que ha visto cómo las RSF ya les han derribado varios aviones. A modo de precaución, el año pasado el ejército trasladó algunos aviones a la vecina Eritrea.Un militar del ejército sudanés en el puente de Shambat, Sudán, el 27 de abril de 2025Giles Clarke (Getty Images)Esta brecha es aún más evidente si se compara con la situación de hace poco más de un año. En septiembre de 2024, cuando el ejército lanzó una serie de operaciones en múltiples frentes de Sudán, que le colocaron a la ofensiva por primera vez, fue precisamente el mes en el que más ataques aéreos con aviones tripulados efectuó (153), según los datos de ACLED. Al mes siguiente fueron, de nuevo, más de un centenar. Desde entonces, sin embargo, el número ha caído en picado. En un intento de revertir la dinámica, el ejército está actualmente ultimando un gran acuerdo con Pakistán que incluye cazas, drones y sistemas de defensa antiaérea.Como ocurre con los drones, los bombardeos con aeronaves tripuladas han acarreado graves consecuencias para la población civil. Desde el inicio de la guerra, estos ataques del ejército han dejado al menos 4.500 muertes, según datos de ACLED, que incluyen víctimas civiles y militares. Asimismo, la plataforma de investigación Sudan Witness, que ha documentado 384 bombardeos aéreos, asegura que más de la mitad impactaron zonas civiles, incluidos barrios residenciales, centros sanitarios y educativos, mercados y campos de desplazados.
La batalla por los cielos redefine la guerra en Sudán | Internacional
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