
Cuando el defensa del Villarreal Juan Foyth se rompió a la media hora, en el Madrid se organizaron varios congresos sobre el césped. Todos charlaban con todos sobre cómo quebrar el dispositivo defensivo amarillo. Bellingham y Mastantuono, inseparables en sus confesiones cuando salieron a inspeccionar el campo una hora antes del encuentro, debatían qué hacer. Hasta ese momento, los blancos apenas habían fabricado un par de intentos de Güler. Pese a ser un equipo más gremial, el gran avance de la noche blanca, se trataba todavía de otro día con dificultades para fabricar ocasiones claras. Y, a diferencia del martes, sin las carreras para presionar de Mbappé, que contra el Mónaco bajó como nunca a recuperar varios balones hasta la defensa y en Vila-real volvió a su ser, a flotar en la punta como un cocodrilo, a la espera de una pelota clara.El delantero francés, después de su derroche de sudor en Champions y en un Bernabéu que venía de una bronca histórica a sus jugadores, recuperó sus movimientos sigilosos. El hombre orbitaba en el centro del ataque, sin grandes esfuerzos, atento a que alguna presa se despistara en mitad del río. Y ese fue Pape Gueye, que no acertó a despejar tras una buena jugada de Vinicius. Un balón suelto y zas: gol número 34 en 28 partidos. En Liga, en sus 20 choques solo se ha quedado seco en cuatro. En el tramo final se le escapó el segundo en un mal control, pero en el descuento se fabricó el penalti del 0-2 a lo Panenka. Al lado del killer silencioso se movió el bullicio de Vinicius, que dejó una de sus actuaciones de alboroto tan productivas. No paraban de gritarle desde el graderío “balón de playa” y el hombre se gustaba, se reía y miraba al anfiteatro encantado de estar allí. Mucho más agradable que lo vivido en su estadio hace una semana. Este sábado, cuando regresaba a su campo después del 0-1, el extremo se recreaba con la afición rival. Sus compañeros no dejaron de conectar con él, sobre todo en la segunda parte. “No puedo ir contra la naturaleza de los jugadores”“Tenemos que buscarlo las máximas veces posible. Debemos conseguir situaciones en las que podamos liberarlo para que tenga uno contra uno”, afirmó Álvaro Arbeloa, que insistió, como hace una semana, en la idea de alimentar sin parar a Vini, uno de esos futbolistas que explotan al espacio con los que el nuevo técnico piensa reconstruir el edificio. “No puedo ir contra la naturaleza de los jugadores [contragolpeadores]. Tenemos muchos dominantes al espacio y suelen decidir bien. Es ahí donde marcan las diferencias”, destacó el preparador. En especial, el brasileño, que disfrutó de una jornada de acción a domicilio después de una semana bajo la tormenta de la Castellana. Sin el juicio de su público, el extremo, con su gestualidad, dio la impresión de sentirse suelto. Su acción al inicio de la segunda mitad, rematada por Kylian, le quitó el tapón a un duelo en el que, hasta ese instante, el Madrid solo había amenazado gracias a fallos de los locales. Vini ganó la línea de fondo y Mbappé rebañó el plato para inclinar el choque para un equipo que recuperó una versión sólida casi desaparecida en Liga desde que el proyecto de Xabi empezó a derrumbarse. “El compromiso fue innegable. Pero hay margen de mejora. Llevamos muy pocos entrenamientos juntos y no ha habido casi tiempo de trabajar. Hay mucho que mejorar en todos los aspectos. Desde esta gran solidez, el equipo da para más. Ni mucho menos pienso que este sea su techo”, subrayó Arbeloa, que pese a ir 0-1 hasta el descuento acabó la noche con cinco piezas de vocación ofensiva: Brahim, Bellingham, Gonzalo García, Vinicius y Mbappé.
Álvaro Arbeloa: “Desde esta gran solidez, el equipo da para más” | Fútbol | Deportes
Shares:
